4.17.2018

El rincón

Prendo la luz, me siento en el piso del comedor y miro. Mi habitación de toda la vida, vacía, parece que no tuviese alma. Me acuerdo cuando compré esas cortinas con papá. No sé muy bien cuándo, ni dónde, pero sí que vinieron con un almohadón de Mickey marinero que todavía sigue en mi cama. Yo no tendría más de cinco años. Me acuerdo de la felicidad de elegirlas, del almohadón que venía ¿de regalo? y de la novedad. En definitiva, la memoria de la alegría en el cuerpo y el momento compartido es lo que vale.
Hace algunos años, él me comentó la idea de que yo me cambie de habitación para poder armar ahí un escritorio: quería tener sus telescopios y libros a mano; un lugar para leer y estar. No llegamos a concretarlo. Ojalá lo hubiesemos hecho. Imagino lo que hubiese disfrutado del sol cuando atardece calentando la ventana. De un momento a otro, llegó el momento de vaciar el espacio y remodelar. Se me caen las lágrimas viendo el lugar sin nada. Me pongo nostálgica no sé muy bien por qué. Será que los 17 de cada mes siempre van a ser así. Sé que hubiese estado muy contento de verme en pleno cambio, dándole valor a mi espacio. Mi lugar. Mi rincón de la casa. 
Ese que un día él pintó para mí. 




4.15.2018

La pared que se va

La rasqueta raspa la pared y por cada pedazo de pintura caída se escucha un grito. El que no ve la escena, no entiende qué pasa. En la escena del crimen está ella: tiene un jogging que no usa hace años y se le ve el culo. "Soy más sexy que un plomero, al menos a mí se me ve la bombacha", se ríe. Está sentada en medio de la mugre, más allá del bien y el mal. Total, ya no queda nada por perder. Por cada espacio que libera, grita ¿Cuánta memoria puede haber en un cacho de pared?  Es difícil descascararse, piensa. Y en su mente empieza el recorrido retrospectivo donde todavía aparece su papá: "esto lo pintó mi viejo", "este estante lo hizo él también", "es que esta cortina" y siente que dejar ir se vuelve más difícil todavía. Pero se siente lista, soltar es algo que quiere (y necesita) hacer hace mucho tiempo.  

Sus pensamientos los interrumpe un comentario. De espaldas a ella, luchando con otra pared, está él. Lo odia por un micro-segundo por llevarla a esto, pero después entiende que todo es amor. Lo mira y sonríe. Dejar el pasado se vuelve fácil si tu futuro está bien acompañado. "Soltar es fácil cuando quien te da la mano te hace sentir ligero y feliz", piensa. 

Grita otra vez. Saca otra capa. Se deja ir, pero sabe que todo eso va a estar. Como formaciones geológicas, su habitación de toda la vida tiene capas de cada uno los "yo" que fue: niña, adolescente, joven casi adulta... todas esas Agustinas son ella. El libro de su infancia que no pudo tirar, la primer novela que leyó, ese cuento que la aterró, la carta de esa amiga que sigue siéndolo, las fotos que reveló, el oso de peluche de cuando nació. Tirar no significa olvidar. Siempre se preguntó por la finitud de la memoria: ¿nos entra todo lo vivido en nuestra cabeza? Tirar significa elegir: esto se queda, esto se va. Casi como hacer espacio en la memoria del celular. Borrar esa aplicación que no usas hace meses, para que todo el resto funcione mejor. Reconstruir qué sigue siendo relevante y qué ya no lo es. Tirar significa dar paso a cosas nuevas. Tirar significa re-afirmarse en valores, memorias y amores. Tirar significa amar. Soplar el tiempo, navegar con él.

Libre de tristezas

Hace mucho tiempo que no escribo, que no me escribo. Será que las palabras son mi refugio, y no lo anduve necesitando. Las cosas van bien por acá, debajo de la Luna. El mundo gira a pesar de las ausencias, me logré acostumbrar. El cambio se siente en el aire, y yo voy con él, cambiando, quitándome capas de encima, sintiéndome más liviana, más fresca, más libre. Puedo hacer todo lo que me proponga, sólo es cuestión de convencer.

1.14.2017

Mirarte a los ojos

La yema de mi dedo recorre tus labios. Vos tenes los ojos cerrados, pero igual sé que me miras. Yo, mientras tanto, me detengo en casa milímetro de tus facciones, entendiendo que podría estar así toda mi vida. Te sonrío, y sabemos que cuando se mira a los ojos incluso con los párpados cerrados, nada podría salir mal. Vamos codo a codo, y no necesito más. 

7.18.2016

Agrandar la luz

"Se puede agrandar la luz o agrandar la oscuridad, lo decide el pensamiento." Ayer terminé el día con esa frase sonando en mis oídos y, con todo y la fecha, de algún modo sonriendo. No creas, sin embargo, que la fecha no le puso más peso a nuestros pies.
Pero ahí me encontré, en esta familia que supiste formar con mamá, con Fer a mi lado y unos abrazos que llegaron por whatsapp: en fin, rodeada de razones por las que ser. Ayer se cumplió un año de que te lloro un poco todos los días, de que te extraño como nunca pensé sería posible extrañar, de que no entiendo cómo el mundo puso seguir así como así. Pero no sólo te lloro cuando te extraño, también te sonrío. Casi siempre te sonrío. Porque la vida tiene sol, tiene cielo, tiene estrellas, tiene Luna... ¿y qué sentido tendría no sonreírle? No sé si te volveré a ver, muchas veces ya no sé en qué creer. Sin embargo, sé que donde sea que andes, estás mirándonos contento de vernos seguir. Te extrañamos, no te podés imaginar cuánto ni con qué fuerza. Pero cuando no doy más, siempre miro el cielo y encuentro la Luna: ya dejé de creer que eso sea casualidad. Quedate ahí, que me gusta charlarte de vez en cuando porque (como dice otra canción) la Luna no sabe de distancias. Te quiero. Siempre un poco más.


Agus Terrizzano
18 de julio de 2016

6.13.2016

La tristeza es nada

La tristeza es muchas cosas. 
Pero se transforma en nada cuando te tengo al lado.


Qué lindo sentirse así.
Agus Terrizzano, junio 2016

3.04.2016

Sirio

Cuando con papá mirábamos para arriba siempre había algo que señalar. Entre todas las constelaciones, para mi encontrar el Can Mayor (Sirio) y Tauro (Aldebarán) era una imposibilidad. Pero eso nunca era un problema, porque su sonrisa enseñandome por vez mil era lo mejor que me podía pasar.
Hace un tiempo me encontré con el cielo se Iruya envolviéndome. Sirio estaba ahí, mirándome mientras yo lo reconocía con una velocidad inaudita. Nunca había podido identificarlo, y mucho menos ver tan claramente la constelación que formaba. En ese momento entendí muchas cosas. Entendí que la memoria falla cuando quiere, que era algo que siempre supe, pero el ritual implicaba preguntarlo una vez más. Entendí el regalo de ver sus ojos azules pacientes y sonrientes al
contestar. También supe que la frase "esa estrella es Sirio, el ojo del Can Mayor..." estaba incompleta. Las constelaciones son confusas, pero hay algo que siempre encuentro. Entonces, la frase debiera haber sido: "Ahí está Sirio, y crea en lo que crea, también está papá."

Hay días en los que no paro de pensarte. Por suerte te encuentro en el cielo, y en todo lo que me rodea también. Te extraño cada minuto.

Agus Terrizzano - Marzo 2016