El celular sonó. Era un número desconocido y, como cualquiera hubiese hecho, atendí. Era una voz conocida, pero que no podía detectar. "Acá María quiere hablar con vos", y ahí no más uní cabos, era aquel tono que ya tenía empolvado y creía olvidado en mi mente. Su voz. María era su mamá, que nunca me conoció pero sin embargo me amaba. Me preguntaba como estaba, que le daba gusto escuchar mi voz. Me contaba que siempre le mostraba a sus amigas "nuestra foto". Sí, esa de hace más de un año cuando su hijo y yo solíamos jugar a querernos. En ese momento, me pregunté si la etapa de no haber superado la relación, en verdad había pasado o recién empezaba. Y si esa etapa, al final, abarcaba más gente que nosotros dos. Entiendo que a veces es dificil parar a las madres, pero siendo conciente de mi dolor, y de lo que provoca en mi alma el simple hecho de saberlo cerca, de que use la palabra "nosotros"; no podría haber trabajado más en eso y evitarlo? Me partió el alma, me trataba como si fuese la mejor mina del mundo, remándola aún más que el hijo ( que jamás supo lo que era un remo) para que yo diga algo, algún indicio de cariño hacia lo que estaba sucediendo. No iba a ser así, no quiero volver a esa situación que ya viví. Ya lo quise, ya lo intenté. No funcionó, basta. La mujer es adorable, y sinceramente que busque lo mejor (dejénme sobrevalorarme un ratito, no más) para su hijo, es coherente pero no puedo explicar la mezcla de cosas que me provocó todo esto, hablando por primera vez con mi... mi suegra, que no es más mi suegra! Que dejó de serlo hace más de un año pero sigue teniendo ganas de conocerme, aunque yo sea una agria que le contesta "Mostrales la foto con la nueva novia, María. Creo que es lo que corresponde". En fin, después de una jornada incómoda, supongo para ambos, me quedé helada frente al monitor de la pc, sin saber muy bien que hacer más que acordarme de su madre todo lo posible, literalmente. A todo esto, llovía. Mucho llovía, y el calor del cuarto era agobiante, más la bronca mezclada con dolor que sentía en ese momento. Subí las escaleras de la terraza, y dejé que la lluvia me mojara un rato, quizás fuese una buena forma de limpiar el alma. Miré el cielo, había una Luna increíble... pero que apenas se dejaba ver. Las nubes no hacían más que pasar rápido, jugando a aparecer y desaparecer ese haz de luz en el cielo. Y yo, sentía derretirme, sentía deshacerme, pero a la vez refrescarme y florecer. Pensaba, pensaba en él, pensaba en nosotros, pensaba en lo que ya no somos, ni quiero volvamos a hacer. Pensaba en mi haz de luz actual, mi luna. Esa que empieza a darle brillo a mi alma, e intenta sacar todas las nubes que me impiden verla para que, esperemos dentro no de mucho, pueda contemplarla en todo su esplendor, y quererla. Querer observarla, no dejarla ir más. Mirarla, y volver a ser feliz, olvidándome de esa noche donde las nubes taparon mis ojos y me hicieron caer.
"...la escritura puede ser mi guardia o mi jardín, depende del estado de ánimo que esté pasando. Para el dolor, es mi guardia."
2.19.2011
Cuarto menguante de corazón.
El celular sonó. Era un número desconocido y, como cualquiera hubiese hecho, atendí. Era una voz conocida, pero que no podía detectar. "Acá María quiere hablar con vos", y ahí no más uní cabos, era aquel tono que ya tenía empolvado y creía olvidado en mi mente. Su voz. María era su mamá, que nunca me conoció pero sin embargo me amaba. Me preguntaba como estaba, que le daba gusto escuchar mi voz. Me contaba que siempre le mostraba a sus amigas "nuestra foto". Sí, esa de hace más de un año cuando su hijo y yo solíamos jugar a querernos. En ese momento, me pregunté si la etapa de no haber superado la relación, en verdad había pasado o recién empezaba. Y si esa etapa, al final, abarcaba más gente que nosotros dos. Entiendo que a veces es dificil parar a las madres, pero siendo conciente de mi dolor, y de lo que provoca en mi alma el simple hecho de saberlo cerca, de que use la palabra "nosotros"; no podría haber trabajado más en eso y evitarlo? Me partió el alma, me trataba como si fuese la mejor mina del mundo, remándola aún más que el hijo ( que jamás supo lo que era un remo) para que yo diga algo, algún indicio de cariño hacia lo que estaba sucediendo. No iba a ser así, no quiero volver a esa situación que ya viví. Ya lo quise, ya lo intenté. No funcionó, basta. La mujer es adorable, y sinceramente que busque lo mejor (dejénme sobrevalorarme un ratito, no más) para su hijo, es coherente pero no puedo explicar la mezcla de cosas que me provocó todo esto, hablando por primera vez con mi... mi suegra, que no es más mi suegra! Que dejó de serlo hace más de un año pero sigue teniendo ganas de conocerme, aunque yo sea una agria que le contesta "Mostrales la foto con la nueva novia, María. Creo que es lo que corresponde". En fin, después de una jornada incómoda, supongo para ambos, me quedé helada frente al monitor de la pc, sin saber muy bien que hacer más que acordarme de su madre todo lo posible, literalmente. A todo esto, llovía. Mucho llovía, y el calor del cuarto era agobiante, más la bronca mezclada con dolor que sentía en ese momento. Subí las escaleras de la terraza, y dejé que la lluvia me mojara un rato, quizás fuese una buena forma de limpiar el alma. Miré el cielo, había una Luna increíble... pero que apenas se dejaba ver. Las nubes no hacían más que pasar rápido, jugando a aparecer y desaparecer ese haz de luz en el cielo. Y yo, sentía derretirme, sentía deshacerme, pero a la vez refrescarme y florecer. Pensaba, pensaba en él, pensaba en nosotros, pensaba en lo que ya no somos, ni quiero volvamos a hacer. Pensaba en mi haz de luz actual, mi luna. Esa que empieza a darle brillo a mi alma, e intenta sacar todas las nubes que me impiden verla para que, esperemos dentro no de mucho, pueda contemplarla en todo su esplendor, y quererla. Querer observarla, no dejarla ir más. Mirarla, y volver a ser feliz, olvidándome de esa noche donde las nubes taparon mis ojos y me hicieron caer.
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